“los regalos de Navidad”

Aunque la Navidad empieza en Noviembre, a estas alturas de Diciembre, todavía no tengo regalos para mis hijos, siempre trato de sorprenderles aunque creo que nunca llego a conseguirlo. Me devanaba la cabeza, buscaba algo original, práctico y que les gustase. No lo encontraba. Volví a salír  de compras.

En la primera tienda coincidí con un matrimonio mirando una televisión, discutían, mientras el dependiente se hacía el sordo. El la quería grande,ella pequeña,él decía que era para los dos,ella que con la tele de casa había bastante. Pensé en el distanciamiento que provoca la  convivencia,deberían gastar el tiempo en acercarse.

En la segunda tienda  dos hermanas tocaban los  bolsos, una le contaba a la otra que estaba harta. Cada año le compraba algo personal a la “hortera” de la suegra y sin embargo ella, no le correspondía , porque le regalaba cosas para la casa; le cogió el gris porque aparentaba más, aunque sabía que le gustaría menos. ¿Por qué nos empeñamos en que los regalos sean lo que queremos?

En la tercera, una hija enfadada, le decía a la madre que nadie se molestaba bastante en adivinar sus gustos y en cambio ella no hacía sino pensar en todos. A lo mejor no pensaba bien, pero los otros ,menos egoístas no se lo decían.

En la cuarta, una amiga le decía a otra: “lo saben hasta los negros,este año es el último en que le hago regalo a  mi  cuñada”; le parecía que la “cateta” le daba  cosas “chabacanas” . Medité ,¿como es posible que las diferencias de gusto enturbian las relaciones?.

En la quinta, una abuela desesperada decía : ¡”no me diga que  este juego se ha  agotado”!, quiero ponerle algo a mi nieto y mi nuera me lo ha escrito en este papel. Si no lo encuentro dice que lo mejor es dinero, pero yo quiero que tengan una sorpresa de mi parte. Reflexioné, ¿puede sustituir el dinero al cariño?.

Me volvía a casa, con ansiedad, ¡la que hemos preparado con las comidas y los regalos!. De camino, encontré a las niñas mejicanas de mi barrio, les regalé una muñeca con cochecito, abrieron los ojos de felicidad y me dieron un abrazo de cariño. Después les compré  un gran lote de comida con abundante turrón,  y las acompañé a casa. Su madre, Marita lloró de agradecimiento y me llamó “angel” porque no tenía para cenar en Nochebuena.

A mis hijos, les he cogido una tarjeta de felicitación y he escrito  el siguiente texto “Cuando nos sobran las cosas porque cada día se compra  más de lo necesario, es imposible alcanzar la felicidad con  regalos y comidas . En lugar de amontonar cosas ,voy a disfrutar de vuestro afecto,es el único regalo que merece la pena”.

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